PONT:
UNA FABRICA,
UNA TRADICIÓN,
UN MUSEO.



Ironbridge fue la cuna de la primera revolución industrial en la Inglaterra del Siglo XVIII. Hoy, con su antiguo puente del setecientos de hierro colado, se ha convertido en un sugestivo museo de los orígenes de la civilidad industrial. Pont Canavese, debido a muchos aspectos de su historia y de sus múltiples actividades productivas enlazadas a la naciente industria italiana, puede ser considerada una pequeña Ironbridge italiana. Así es, que como la localidad inglesa, hoy Pont puede decantar un museo de arqueología industrial: la colección Sandretto que reúne centenares de testimonianzas de los primeros manufacturados de materia plástica. Este museo presente en el establecimiento Sandretto es casi el símbolo emblemático de la historia de Pont, centro industrial con diferentes actividades que van desde las fraguas de cobre a las trefilerías de hierro, desde las hiladoras y tejeduras de seda y algodón a las curtiembres y hasta la industria mecánica para la construcción de máquinas para materias plásticas instalada en 1971 en los edificios de la vieja Manufactura de la sociedad F.lli Sandretto. Son aproximadamente trescientos años de historia del trabajo cuyas trazas podemos todavía recorrer en los documentos. Poseemos la representación gráfica de la antigua Manufactura real de Pont cuyas orígenes se remontan al siglo XVIII, a los albores de la naciente industria del Norte de Italia. Un mapa de 1761 ilustra hasta en los más mínimos detalles, como en una tabla de la Encyclopédie del Diderot, el conjunto de los edificios construidos sobre la orilla derecha del torrente Soana, con las características de un verdadero y propio burgo. A fines del Setecientos los hermanos Gaetano y Candido Faletti de Champigny administraban en Pont un molino y una fragua de cobre accionados por la fuerza de las aguas. Conversión productiva y reestructuración no son evidentemente una exclusiva del día de hoy porque los hermanos Faletti, a un cierto punto, decidieron transformar su actividad en una hilatura de seda. En 1824 la hilatura artesanal pasó a los Duport que ya poseían un hilandería de algodón a Annecy, en Savoia. La conservaron durante apenas quince años pero fueron suficientes para imprimir a la manufactura una huella industrial, así es que en 1833, en ocasión de un viaje en Piemonte de María Cristina de Borbón, la fábrica de Pont fue elegida para una visita de la reina que llegó acompañada por los duques de Savoia y de Génova y se interesó a la producción de los paños de algodón. Después de 1839 la manufactura, que fue adquirida por la familia Leuffer, fue aún más potenciada y la calidad de su producción está comprobada por una serie de medallas y diplomas conquistados en 1846, en 1850 y en 1858 a algunas de las exposiciones que fueron tan apreciadas por el optimismo tecnológico de la edad victoriana. La más célebre es la de Londres de 1851. En 1870 fue construido un nuevo canal de inmisión de las aguas que accionaban las turbinas hidráulicas. En esa época el hilandería de algodón producía en ciclo continuo 1500 kilos de hilado y 15 mil metros de tejido al día y daba trabajo a 1500 obreros. En 1882 se inauguraba una nueva manufactura de tejidos en las orillas del Orco, hacia Cuorgné, con edificios y "shed" similares a los de la fábrica de Pont, que se pueden todavía hoy ver en los manuales de técnica de las construcciones de aquellos tiempos. Una serie de huelgas salvajes que se verificaron en esos períodos de reivindicaciones de los obreros de los últimos años del siglo, obligó en 1906 la sociedad propietaria a vender el conjunto de los dos establecimientos a la Manifattura Mazzonis S.a.s.

Las agitaciones de los obreros continuaron durante varios meses. Pero en 1913 fue el año de oro durante el cual las manufacturas de Pont alcanzaron el máximo histórico de su producción, con 3 mil kilos al día de hilado y 20 mil metros de tejido. Los tejidos se vendían en Italia y en Turquía, Egipto y América Latina. Habían instalados 1370 telares y trabajaban 2300 obreros. La crisis mundial del 1929 afecto en modo pesante la producción de Pont. En 1932 la manufactura se convirtió a la producción de fibras artificiales como lo deseaba el clima autárquico de esos días. Después vino la guerra y el post guerra. Los cambiamientos tecnológicos y comerciales que se verificaron en los años Sesenta en el mercado mundial de las fibras obligaron la sociedad a terminar su actividad y cerrar el establecimiento. Las instalaciones permanecieron inactivas durante cinco años hasta cuando, en 1971, en los históricos edificios en la orilla de la Soana la Sandretto inauguró su actividad de construcción de prensas para la inyección de materias plásticas.




LA HERENCIA DE PONT

La real manufactura de Pont ha sido uno de los puntos focales de la distribución geográfica de los centros que han hospedado en el siglo pasado la naciente industria italiana. Como es noto, la mapa concierne exclusivamente las regiones norteoccidentales de nuestro país. A Pont, entre el Setecientos y el Ochocientos, la fábrica se sustituye al castillo en la economía agraria que por muchos motivos todavía hoy rehollar la estructura feudal de la Península. La planimetría y la conformación constructiva de la manufactura conservan en relación con la restante comunidad civil la forma cerrada (arquitectura del recinto ha sido definida) de la ciudadela fortificada: casi un moderno "chateau de l'industrie" como ha sido definido, junto con los antiguos castillos feudales del Canavese que hoy en día también el turismo está descubriendo. Esto refleja las condiciones todavía extremadamente atrasadas de la sociedad italiana del Ochocientos, caracterizada por retraso de al menos un siglo respecto a los países que han desarrollado la revolución industrial, como a Gran Bretaña y Francia. Alrededor de 1860, al momento de la unidad nacional, Italia permanecía todavía substancialmente fuera de los circuitos productivos y comerciales europeos. La realidad económica era extremadamente fraccionada y diversificada no obstante la unidad política. Los recursos eran substancialmente agrícolas. El nivel del rédito pro capita era un cuarto del inglés y un tercio del francés. Dos tercios de la población era analfabeta. Los adictos de la industria eran menos de 400 mil sobre una población de 29 millones de personas. Los ferrocarriles tenían un desarrollo de apenas dos mil kilómetros contra los 17 mil de Inglaterra y los 9 mil de Francia. Los túneles alpinos no existían todavía y las vías de comunicación con el resto de Europa eran difíciles y muy poco seguras. En los centros de Pont Cuorgnè como en todo el norte de Italia el desarrollo de la industria textil era enlazado con la disponibilidad de fuentes de energía hidráulica en montañas cercanas, por cuanto el país no poseía los recursos carboníferos que hicieron rica Inglaterra, Bélgica y otras naciones. La energía eléctrica todavía era una perspectiva lejana: la primera central italiana fue construida en 1889 a Porto d'Adda. Además a Pont la elección de la producción textil obedecía a una precisa lógica por cuanto estaba enlazada, en lo concerniente a las fuentes de materia prima, a la estructura agrícola el país (sericultura y cultivación del lino) y no creaba fuertes desgarres sociales porque podía convivir, para la fuerza de trabajo, con una economía agrícola y pastoril como la "pedemontana". Son estas la herencia y el fondo ambiental en el cual se constituyó en 1971 el sector productivo de la industria mecánica Sandretto, una realidad que ha revitalizado la tradición de Pont.

Indice

MAPA DEL MUSEO
HISTORIA DE LOS
MATERIALES PLÁSTICOS
UNA HISTORIA
UN MUSEO
PONT:
UNA COMUNIDAD
UNA HISTORIA
MATERIALES
PLÁSTICOS
SANDRETTO
INDUSTRIE