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PONT: UNA FABRICA, UNA TRADICIÓN, UN MUSEO. | ![]() |
Las agitaciones de los obreros continuaron durante varios meses. Pero en 1913 fue el año de oro durante el cual las manufacturas de Pont alcanzaron el máximo histórico de su producción, con 3 mil kilos al día de hilado y 20 mil metros de tejido. Los tejidos se vendían en Italia y en Turquía, Egipto y América Latina. Habían instalados 1370 telares y trabajaban 2300 obreros. La crisis mundial del 1929 afecto en modo pesante la producción de Pont. En 1932 la manufactura se convirtió a la producción de fibras artificiales como lo deseaba el clima autárquico de esos días. Después vino la guerra y el post guerra. Los cambiamientos tecnológicos y comerciales que se verificaron en los años Sesenta en el mercado mundial de las fibras obligaron la sociedad a terminar su actividad y cerrar el establecimiento. Las instalaciones permanecieron inactivas durante cinco años hasta cuando, en 1971, en los históricos edificios en la orilla de la Soana la Sandretto inauguró su actividad de construcción de prensas para la inyección de materias plásticas.
La real manufactura de Pont ha sido uno de los puntos
focales de la distribución geográfica de los
centros que han hospedado en el siglo pasado la naciente
industria italiana. Como es noto, la mapa concierne
exclusivamente las regiones norteoccidentales de nuestro
país. A Pont, entre el Setecientos y el Ochocientos,
la fábrica se sustituye al castillo en la
economía agraria que por muchos motivos todavía
hoy rehollar la estructura feudal de la Península. La
planimetría y la conformación constructiva de
la manufactura conservan en relación con la restante
comunidad civil la forma cerrada (arquitectura del recinto ha
sido definida) de la ciudadela fortificada: casi un moderno
"chateau de l'industrie" como ha sido definido, junto con los
antiguos castillos feudales del Canavese que hoy en
día también el turismo está
descubriendo. Esto refleja las condiciones todavía
extremadamente atrasadas de la sociedad italiana del
Ochocientos, caracterizada por retraso de al menos un siglo
respecto a los países que han desarrollado la
revolución industrial, como a Gran Bretaña y
Francia. Alrededor de 1860, al momento de la unidad
nacional, Italia permanecía todavía
substancialmente fuera de los circuitos productivos y
comerciales europeos. La realidad económica era
extremadamente fraccionada y diversificada no obstante la
unidad política. Los recursos eran substancialmente
agrícolas. El nivel del rédito pro capita era
un cuarto del inglés y un tercio del francés.
Dos tercios de la población era analfabeta. Los
adictos de la industria eran menos de 400 mil sobre una
población de 29 millones de personas. Los
ferrocarriles tenían un desarrollo de apenas dos mil
kilómetros contra los 17 mil de Inglaterra y los 9 mil
de Francia. Los túneles alpinos no existían
todavía y las vías de comunicación con
el resto de Europa eran difíciles y muy poco seguras.
En los centros de Pont Cuorgnè como en todo el norte
de Italia el desarrollo de la industria textil era enlazado
con la disponibilidad de fuentes de energía
hidráulica en montañas cercanas, por cuanto el
país no poseía los recursos carboníferos
que hicieron rica Inglaterra, Bélgica y otras
naciones. La energía eléctrica todavía
era una perspectiva lejana: la primera central italiana fue
construida en 1889 a Porto d'Adda. Además a Pont la
elección de la producción textil
obedecía a una precisa lógica por cuanto estaba
enlazada, en lo concerniente a las fuentes de materia prima,
a la estructura agrícola el país (sericultura y
cultivación del lino) y no creaba fuertes desgarres
sociales porque podía convivir, para la fuerza de
trabajo, con una economía agrícola y pastoril
como la "pedemontana". Son estas la herencia y el fondo
ambiental en el cual se constituyó en 1971 el sector
productivo de la industria mecánica Sandretto, una
realidad que ha revitalizado la tradición de Pont.

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